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lunes, 9 de mayo de 2022

Historias de pasajeros

En los viajes no soy del tipo de viajero que busca plática en un avión o en el aeropuerto, trato de no molestar a nadie y prefiero los asientos del pasillo en los viajes largos. En esta ocasión, en el primer vuelo hacia Houston me tocó  estar sentado a la par de un chef que vive en Las Vegas que me enseñó algunos de sus platillos favoritos, hablábamos de los maricos salvadoreños y mexicanos, hasta me compartió algunos tips de cocina y seguridad ocupacional, al menos se hizo más rápido vuelo y la ansiedad por llegar, pasar por migración y los controles de seguridad. En ese mismo vuelo conocí a Guadalupe, quien coincidimos en el mismo vuelo hacia Alemania pero en distinta clase de servicio pero nos acompañamos a lo largo de la ruta. Guadalupe es una señora muy amable quien iba hacia Alemania a visitar a su hija quien está pronta a la dar a luz a su primer nieto, posteriormente nos costó encontrar la Terminal A en la señalización engañosa del enorme Aeropuerto de Frankfurt. En ese vuelo, tuve a la par a dos señores ya retirados, quienes eran consultores en tecnología Blockchain, algo que me sorprendió por la edad de ellos, la señora me comentó acerca de su vida entre Connecticut y Zúrich, sin duda una pareja muy enamorada y que no tiene de qué preocuparse a fin de mes. El vuelo IAH-FRA fue un vuelo pesado, y eso que tuve la fortuna de viajar en Premium Economy que sirvió unos ravioles exquisitos.

Y en el último vuelo estuvo John a la par mía,  un ex soldado del ejército de los Estados Unidos y originario de Islas Marianas, una isla muy pequeña en medio del Océano Pacífico. John me comentó que trabaja como dentro de la Agencia Federal de los Estados Unidos, me comentó que estuvo destacado en Irak y que los traumas que tuvo durante la guerra lo animaron a estudiar psicología, solamente que se especializa en Recursos Humanos.

Este ha sido el viaje que he tenido más interacciones con viajeros, y no deja de sorprenderme eso de compartir cosas personales con alguien que recién has conocido y solamente coincides unas horas. A veces hablar con el de al lado es necesario para sentir más llevadero el vuelo, más si es uno transatlántico donde cada minutos se siente eterno.

domingo, 17 de febrero de 2019

Historias de viaje: Dublín

Viajar me trae un estrés que disfruto de una manera extraña, excepto cuando hay que pasar seguridad en los aeropuertos, y por suerte fui seleccionado para una segunda inspección en el aeropuerto de Dublín donde el gobierno de Estados Unidos tiene una oficina de TSA, así uno no tiene que pasar por migración en Estados Unidos. Al final el único inconveniente en el regreso fue que mi maleta no apareció en la banda de equipaje, y tuve que ir a traerla al Aeropuerto de El Salvador algunos días más tarde.

Los inconvenientes se convierten en experiencias recordables y algunas hasta gratas, como por ejemplo perderme por un par de horas bajo el frío y la lluvia de la noche dublinesa, que sumado al jet lag tuve una ligera gripe por unos días en el regreso, nada que no se quite con buen descanso. 

Escribir sobre todo el viaje tardaría varios post, quizás los haga, dependerá de mi tiempo libre que es escaso, hoy sábado he tenido el tiempo suficiente. Pero por hoy subiré algunas, de Dublín, donde pasé un día  y pasé la noche, y por desgracia no hacía el mejor clima. Llegué a Dublín debido a que hacía una larga escala ahí en mi viaje de regreso. Por el intenso viento la gente caminaba e al autobús con prisa al tranvía, no se detenía mucho, y parecía de mal humor, y no los culpo, estar a tres grados con ventisca y lluvia no es motivo suficiente para estar contento. 

Comienzo por el final, después de Dublín estuve casi siete horas en Newark donde no pude salir por lo cargado de las maletas y por el frío de -8 que hacía, y estaba bien cansado, luego de Newark estuve seis horas esperando en la Ciudad de Guatemala el bus de regreso a San Salvador, toda una aventura.



Catedral de San Patricio de Dublín.
 El ayutamiento o City Hall como le quiera llamar. 
Catedral de la Santísima Trinidad de Irlanda.
Tuve la suerte de quedarme en un hostal en la zona de Temple Bar que tiene una amplia variedad de bares, como este un irish bar en Irlanda.


El río Liffey, que tiene cierta tonalidad verdosa, no sé si siempre es así. 

El Hard Rock Café de Dublín, pues...


Este es el Whiskey del célebre Connor MacGregor, un artista marcial mixto irlandés que se le da mejor las peleas que el whiskey, MacGregor es striker es decir su fuerte es el boxeo estilo libre y la diversidad de su pateo. Podemos decir que su whiskey es tan malo como defensa de mataleón, tomemos en cuenta que las tres derrotas de MacGregor han sido por la vía de ésta técnica de sometimiento. 


No sé si la vida me alcance para regresar a Irlanda, ir al Museo de los Escritores, entrar al Castillo de Dublín o a la Biblioteca del Trinity College, así como a otros lugares donde siempre quise estar más tiempo, regresar no es lo mismo que la primera vez por la gente con la que fui,  por el momento he podido regresar a San Francisco donde tengo amigos y familiares. Pero el mundo es grande, y también otros lugares por recorrer. Sólo espero ir con mi madre a un destino más cercano para el próximo viaje, ella se lo merece. 

miércoles, 24 de octubre de 2018

Otras fotos

El centro del universo, un punto en medio del bosque donde se reúnen grupos New Age.
No es el Centro, es cerca del Parque MacArthur.


El bosque, San Gerónimo,


Ca.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Regresos

Hay ciclos que se cierran de manera abrupta si es que se cierran, muchas veces de las maneras que uno no desearía. Luego hay caminos que desea recorrer nuevamente, la nostalgia es cruel como un goteo incesante que no para, uno debe de entender que los viajes son como la vida, no se repiten. Al menos queda esa sensación, esa magia que tuvieron esos lugares en esos momentos simples pero quizás significativos, los recuerdos. 

En enero pasado y febrero exigí mis vacaciones después de más de un año sin vacaciones, (si es que el viaje a Bulgaria de noviembre del 2016 cuenta), costó un poco  pero el boleto lo compré en Octubre del 2017, son esas decisiones que uno debe de tomar rápido, aunque me costaron también algunos disgustos por ahí. Tuve que decidir entre el viaje y mi actual empleo, por supuesto escogí lo primero y con fortuna pude conservar (hasta la fecha) lo segundo. Así que fui por segunda vez a Estados Unidos, mejor dicho California que son cosas distintas.

La última vez que había estado en California estaba Bush como presidente de los Estados Unidos, pasé las fiestas de fin de año del 2006, que ya suena un buen tiempo. Ese viaje significó mucho para mí, por ser mi primer viaje en avión y en clase ejecutiva, hasta  el choque que representa sumergirse en ese San Francisco, o más bien el área de la Bahía y Oregon. Recuerdo la última noche, prometí regresar,  conocí gente que más de alguna me ha de recordar a pesar de perder contacto. No hubiera pensado que iba a tardar tanto en regresar, pero son cosas que uno tiene que hacer cuando puede, pero sin duda pensar en ese San Francisco lleno de niebla  y luces era algo que quedó impregnado, una ciudad que me gustó mucho.

Escribiré (espero) otro post acerca del viaje, y de otras cosas que estoy haciendo, este es otro regreso a escribir por acá. Dejo abajo algunas fotos del viaje de Enero y Febrero de este año. 

Escala en la CDMX como le dicen ahora. 

 Pacífica Pier
En San Rafael encontré un curioso pequeño museo que se llama Museum of International Propaganda, no comprendí muy bien el concepto pero tienen cosas impresionantes. Una verdadera sorpresa es encontrarse todo esto. En la foto de arriba, es el cuadro "Stalin es como el amanecer".



 Tu trinchera... Un póster propagandístico en plena revolución cubana e inicios del bloque económico.
Pues un viaje a Los Ángeles no está completo si uno no visita Hogwarts, no soy muy fan de Harry Potter pero había que pasar por Universal Studios.

Por alguna razón busqué el parque Mac Arthur, y sí, tiene patitos todavía y de varias especies. 


Pues encontré a Santiago, gran amigo y personaje, tuvimos una grata charla y una buena comida en Little Tokio en Los Ángeles, en un restaurante que tenía kebabs y falafel. Gracias a él pude conocer la Biblioteca Pública de LA, el MOCA y otros lugares del centro de la ciudad. 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Álbum de comida de avión


Hace diez años me subía por primera vez a una avión, sí, cómo pasa el tiempo. Tuve la suerte de encontrarme a unas amigas en el counter de Taca que me hicieron el "upgrade" a clase ejecutiva para el vuelo SAL-SFO. En ese entonces no tenía acceso a una cámara decente, pero recuerdo un jamón virginia ahumado con algo de papas muy bueno, creo que desaproveché la oportunidad de pedir más cosas, pero era la primera vez. 

También se escapan las meriendas del viaje que tuve en el 2011 a México, el bús (por qué no) a Nicaragua, las de los vuelos entre Sofía y Frankfurt, y una que otra merienda de alguna escala en Panamá en los viajes del 2013 y de este año. Pues, me gusta la comida de avión, parece de juguete, no es la mejor y apenas uno se llena, pero es estética, colorida y parece una sorpresa, un "happy meal" para grandes. 

MEX-FRA, noviembre 2016, Lufthansa.
MEX-FRA (Franfurt), noviembre 2016, Lufthansa.
FRA-MEX, noviembre 2016, Lufthansa.
FRA-MEX, noviembre2016, Lufthansa.
San Salvador-Cancún, julio 2013, Avianca-Taca.
Asunción-Ciudad de Panamá, agosto 2016, Copa.
Cancun- Moscú, Julio 2013, Aeroflot.
SAL-MEX, noviembre 2016, Aeroméxico
                                             MEX-SAL, noviembre 2016, Avianca.
SAL-PTY (Ciudad de Panamá), junio 2013, Avianca-Taca.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Bulgaria parte I

Después de ya varios días tengo algo de tiempo y energías para escribir sobre el pasado viaje a Bulgaria que fue del 8 al 15 de éste mes, debido a mi participación en el Campeonato Mundial de Sambo, participé en la categoría de 52 kg.
Irónicamente me tocó ir a Sofía, la capital de Bulgaria, una ciudad intrigante  y la más antigua de Europa. Para llegar ahí tuve que hacer un par de escalas una en la Ciudad de México y la otra en Frankfurt.

Siempre había querido volar con Lufthansa (otra aerolínea es Turkish Airlines) desde que trabajaba con Expedia (página de viajes gringa). Y volé en un Boeing 474, que es una gran animal de dos pisos, los asientos son un poco incómodos pero qué más se puede pedir con la selección de música que tienen, el pan con mantequilla, la comida que parece de juguete, tantas películas y series para matar el las diez o once horas de vuelto transatlántico. 

La primera impresión de Sofía fue una ciudad bastante oscura con luces bastante tenues, como las que tenía San Salvador antes que las cambiaran a LED. Era la transición de otoño a Invierno, y al salir del aeropuerto nos recibió una ligera lluvia y un frío que hizo a todos los latinoamericanos quejarse inmediatamente y correr al autobús que nos recogía. 

 Ese era el titular de la Jornada, parte del avión estaba pendiente de las elecciones de Estados Unidos, en el aeropuerto de México ese era el tema de conversación de muchos.
Esa era la vista desde mi habitación en el quinto piso del hotel Ramada Inn. Un hotel de dueños turcos y por eso la mayoría de canales estaban en turco, apenas uno en inglés, rusos, alemanes, y tantos otros, las noches de jetlag eran interminables.
Pizza barata y gigantesca. 
 La silla del Tsar.
 Don Stalin. Visité un museo del Arte Totalitario o Museo del Socialismo, quienes lo atienden parece que son gente que ha tratado de preservar la memoria del pasado socialista búlgaro.
El museo posee un patio donde fueron a para las estatuas y monumentos de la época socialista. Éste en particular me llamó la atención. 

Lastimosamente no pude capturar la nieve en la cima de las montañas Vitosha, un paisaje que impresiona. Luego subiré algunas fotos de Plovdiv, una ciudad al centro de Bulgaria y otras. Lastimosamente no tengo fotos del día de mi competencia, porque en la prisa dejé la cámara en la habitación y perdí ese día, de todos modos me la pasé todo el día en la Arena Armeec. Ya había que actualizar el blog, una costumbre que no debe de quitarse. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Asunción, Paraguay

Hace una semana estuve en Asunción, Paraguay para el Campeonato Panamericano de Sambo, y pues ya más o menos hablé de lo que cuesta llegar al peso, tema para otro post que espero que lo haga. Hubiera querido escribir desde allá, pero tenía pocas energías antes del pesaje y realmente queda poco tiempo para conocer en estas competencias. 

Asunción me pareció una ciudad tranquila y segura comparada con el caos de San Salvador, gente más amable un tráfico que tiene su propia lógica por la falta de semáforos, aunque fue raro que dieran el paso a peatones pero el tráfico es civilizado y con menos sonidos de cláxon, pito, como quiera llamarle. Fue agradable y extraño andar caminando en el centro de una ciudad de noche, ver la gente esperar el bus sin miedo, sí, según me contaron es seguro (relativamente como en toda latinoamérica), pero hasta los indigentes son bien amables para pedir, no les entendía bien pero eran amables y no mal encarados como la mayoría de acá. Sí, me costó acostumbrarme al acento ya más pausado lo entendía mejor, si poniendo más atención entendía que estaban hablando guaraní. De guaraní no sé nada obviamente, un periodista de Radio Nacional no sé con qué intención me empezó a hablar en Guaraní, quizás sólo para plantear que tienen su lengua propia, yo  pensé que no era conmigo.

No tomé muchas fotos, pero hay imágenes que se quedan en la memoria como los buses de noche en el Centro, el río Paraguay a lo lejos, no me perdono no haber probado el asado, pero los paraguayos tienen el mejor dulce de leche que he probado en mi vida. Asunción, me trajo un aire a los barrios argentinos de antaño que describe Borges en sus cuentos y entrevistas, o un a un San Salvador que perdimos entre nuestro caos y tanto terremoto, al menos los barrios del centro. 

Tomé pocas fotos, algunas no quedaron bien por la prisa, pero acá están algunas de ellas.

Me llamó la atención que en la Catedral de Asunción está esta representación de la conquista, "el choque de dos mundos", como podemos ver era de darse abrazos con los españoles. Claro, eso fue hecho por españoles.
                                    



¿Graffiti precolombino?
Le tomo foto a la comida del avión, esta es del vuelo de Copa de Panamá - Asunción. El pollo sabía como a pescado el arroz sí sabía a arroz. No pude comer el pan con mantequilla por cuestiones del peso.
La bahía del río Paraguay.
Foto desde el sexto piso del Hotel Presidente.
 El Cabildo ahora convertido en museo.
La respectiva foto.

domingo, 30 de agosto de 2015

Ser atleta en El Salvador

Como se imaginarán, a mi no me gustan las etiquetas, no trabajo para eso; sólo soy alguien que trata de alcanzar sus objetivos y le gusta lo que hace (no todas). Pero no puedo dudar de que mi entrenamiento es de alto rendimiento, que de debo de cuidar mi dieta (cuando se puede) cuando se aproxima algún torneo, pelea o campeonato. Por eso siento que puedo hablar de esto, de ser deportista y llevar este "estilo de vida".

Si para los atletas federados puede ser difícil no se diga cuando no hay apoyo gubernamental o reconocimiento institucional. Desde algo como permisos para los estudios y trabajo para poder ir a las competencias, implementos, suplementos nutricionales y otras tantas cosas que harían la vida  más sencilla. 

Pero un deportista en nuestro país tiene que trabajar para pagarse sus estudios y, si le queda tiempo entrenar para representar al país que le ha dado la espalda y que no le apoya porque no le interesa, y eso pasa por diversos motivos siendo la excusa más común que no hay dinero.Lo otro que sucede es que cuando el deportista tiene éxito, pues ahí llega el "apoyo", todos quieren salir en la fotografía y sacar provecho que al fin y al cabo suele ser efímero.

El otro fin de semana estaré por Managua representando a mi país en el Campeonato Panamericano de Sambo, pagándome el boleto, suplementos y sin ningún distintivo que diga ESA. Así toca, por mi parte creo que uno tiene que seguir haciendo lo que le apasiona y esos son parte de los obstáculos sí, pero de alguna manera hasta está acostumbrado a estar así "sin apoyo". 

lunes, 29 de julio de 2013

La vida en la Universiade Village

Para un salvadoreño las medidas de seguridad en la Villa de la Universiada parecerían normales, un detector de metales y máquinas con escáner, sin embargo para un estadounidense o europeo parecerían excesivas. Pero es comprensible, son miles de atletas de diversos países entre los 18 y los 27 años, además de cuerpo técnico y delegados, por esto la Villa tenía estrictas normas como la prohibición del ingreso de líquidos y comida a su interior, entre otras reglas de convivencia, los rusos se toman en serio la seguridad.
Pero último de día el dispositivo de seguridad se hizo mayor en la villa, hace unos días me enteré que fue porque llegó su presidente Dmitri Medvedev.  Llegaron fuerzas especiales, más la presencia de efectivos policiales y militares que fue mayor, sí, soldados con Uzi automáticas y Kalashnikovs en maletines, como en las películas. Por lo general la villa era un lugar muy acogedor y tranquilo, aunque no deja de ser extraño convivir con personas de todos lados, de diversas razas, escuchar tantos acentos e idiomas, y todo eso.
La multiculturalidad se manifestaba en la comida, el comedor es un enorme pabellón con diferentes tipos de comidas de varias regiones del mundo con excepción América y África, pero es casi la misma comida (obviamente plátanos fritos no se van a encontrar fácilmente en Rusia), además de un bar de ensaladas y un stand de Mc Donalds  (lo que hace años hubiera sido inaudito) todo gratuito y con la única regla de no salir y entrar con comida del pabellón, por eso se depositaban bolsos y maletines en la entrada, así como para entrar a la Villa.
Para que nadie se perdiera donde estaban los salvadoreños. Más un recuerdo de mi gimnasio querido, El Pumas.
De los ¿Treinta o cuarenta? edificios que alberga la villa, el nuestro no sólo se identificaba por el parque "Folklore" en frente si no por dos animales, un gato que siempre
estaba en la entrada esperando que alguien lo acaricie, y una paloma del tamaño de una gallina que nunca vi volar, no tan temerosa como las palomas salvadoreñas.





Las delegaciones grandes tenían tenían todo un edificio, ahí están los chinos a la par de los ucranianos.
Tan bonito.
Ah, el verano ruso, tan tranquilo.
El centro internacional y de prensa.
En la Universiada y supongo que en otras competiciones grandes, ya que no se pueden vender productos o tener remuneraciones por ser extranjeros, los trueques son algo común, y en otros países los deportistas tienen tantos incentivos, apoyos, patrocinios que pueden intercambiar sus implementos deportivos y ropa, algo que no fue nuestro caso, ya que no tenemos ni patrocinio, menos apoyo del INDES ni por ser un evento tan grande como la Universiada, un evento mundial. Después de intentar intercambiar con un brasileño y un japonés sin éxito, me acerqué donde los peruanos donde gentilmente me intercambiaron una camiseta de la selección de fútbol salvadoreña por una de la Federación Universitaria del deporte peruano, "al fin y al cabo todos somos países" me dijo el atleta peruano. Además de los trueques, el intercambio de pines es una de las cosas a tomar en cuenta en este tipo de eventos deportivos de gran magnitud, desde niños rusos hasta voluntarios buscan agrandar sus colecciones de pines.



Este es un video del comedor de la Villa, hecho por algún atleta ya que para accesar se tenía que pasar la identificación por una máquina que autoriza la entrada. Así como en el video de abajo la prensa no tenía acceso, el comedor era solo para atletas, delegados y cuerpo técnico.

Acá me doy cuenta que no todas las habitaciones son iguales, la nuestra no contaba con la mini-cocina, pero ellos estuvieron más tiempo que nosotros quizás por eso. En el video un atleta estadounidense nos enseña la villa y las habitaciones.